La Economía de Caricias

Claude Steiner (1)


La siguiente teoría acerca de la economía de caricias es un esfuerzo en el cual yo propongo que el libre intercambio de caricias que es tanto una capacidad humana, una propensión humana y un derecho humano ha sido artificialmente controlado con el propósito de crear seres humanos que se comporten de una manera deseable para el amplio orden social. Esta manipulación de la economía de caricias, en el cual se encuentran involuntariamente comprometidos una amplia proporción de los seres humanos, nunca ha sido entendida desde una perspectiva de cubrir un servicio para el establecimiento del orden, por el cual los seres humanos no han tenido la oportunidad de evaluar a que grado dicho control de la economía de caricias les resulta, de alguna manera o no, ventajosa.

Con el objetivo de hacer este punto más vivencial, permítame pedirles que imaginen que cada ser humano fue cubierto al nacer con una máscara que controlaba la cantidad de aire disponible. Esta mascara al principio de dejaba totalmente abierta, y el niño podía respirar libremente, pero llego un punto en el cual el niño era capaz de llevar a cabo ciertos actos deseados, y la máscara se empezó a cerrar gradualmente, abriéndose únicamente en momentos tales como cuando el niño hacia cualquier cosa que los grandes a su alrededor querían que hiciera. Imagina por ejemplo que a un niño se le prohibía manipular su propia válvula de aire y que únicamente otras personas tenían el control de esta y las personas a las que se le permitía el control tenían que ser rigurosamente específicas. Una situación de esta naturaleza puede causar que los seres humanos respondan totalmente a los deseos de quienes tienen el control sobre su suministro de aire. Si hubiera sanciones severas, suficientes personas no se quitarían sus mascaras aunque las máscara fuera fácil de quitar, sino que seguirían las instrucciones que regulan la respiración del aire.

Ocasionalmente algunas personas se cansarían de sus mascaras y se las quitarían, pero estas personas serían consideradas criminales con trastornos de carácter, tontos o peligrosos. La gente estaría dispuesta a realizar un considerable trabajo e invertir mucho esfuerzo para garantizar un continuo flujo de aire. Aquellos que no trabajaran o hicieran dicho esfuerzo serían cortados, no se les permitiría respirar libremente y no se les daría suficiente aire para vivir de una manera adecuada.

La gente que abiertamente abogara por quitarse las marcaras sería justificablemente acusada de querer mirar aquella fibra de la sociedad que construyo estas máscaras, por lo que sería muy claro que conforme la gente se las quite, no podrían trabajar más o ser responsables hacia muchas de las demandas que les fueron impuestas. En lugar de eso las personas buscarían modelos de vida de autosatisfacción y relaciones en que pudieran excluir una gran parte de la actividad previamente valorada por la sociedad basada en el uso de tales máscaras. “Los quitadores de máscaras” serian vistos como una amenaza para la sociedad y probablemente ser considerados como viciosos. En una sociedad hambrienta de aire, los sustitutos de aire podrían ser vendidos a precios altos y los individuos podrían vender inteligentes artificios piratas de las reglas anti-respiración.
(1) Steiner, C. (1971) The Stroke Economy. Transactional Analisis Journal, 1 (3), pp. 9-15.

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